El Injerto

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Por Ya’akov Ben Tzyion
Se cuenta de cierto hombre intolerante y déspota que cifraba su soberbia en su origen ligado a un linaje de cierta aristocracia, que por esos azares de la vida, había caído en desgracia tal, que hacía varias generaciones que la supremacía de su estirpe, era cosa de entredicho por la generalidad de la gente, algo que irritaba sumamente hasta la cólera exagerada a dicho personaje. Usualmente su enojo era tal que se permitía dar rienda suelta a sus rencores, bajo la forma de una capacidad casi inmanente en a su persona para el sarcasmo; ese ingenio vivaz, mezcla de odio sublimado, y destreza en el manejo del lenguaje, en una suerte de esgrima hiriente, y socarrona, que es poco usual para la gente simple, y poco atractiva para aquellos que se consideran francamente intelectuales en la acepción snob de la palabra “intelectual”, y poco digna a las personas prudentes.

Experto en repudiar a quienes considerara diferente de sí, en cualquiera de los aspectos que se pudieran pensar: color, idioma, léxico, género y raza, religión, vestuario, clase social, credo político. Acentuaba su rechazo por aquellos que considerara inferiores y no tan solo diferentes de sí.

En cierta ocasión, mientras se calzaba la ropa, descubrió casi por accidente una pequeña lesión en su piel, a la cual no le dio importancia. Con el correr de los días, esa insignificancia, se convirtió progresivamente en una mancha rojiza, y luego, en una ulceración que se extendió considerablemente en toda la superficie exterior de la piel del muslo. Tras de probar remedios de todas clases y doctores, aquella lesión crecía y se profundizaba hasta el punto de ser una amplia, dolorosa y fea oquedad. Preocupado, acudió con un médico más, quien le ofreció la esperanza de curación.

Se hacía necesario ante todo, preparar la piel de la región afectada, no solo con limpieza cuidadosa y aséptica. Sino mediante la extirpación radical de aquella piel dañada, retirando todo aquel tejido que no permitía la cicatrización y posterior crecimiento de tejido sano y curación de aquella fea llaga. Sin embargo, no sería suficiente con retirar y limpiar, ni revitalizar la región dañada. La pérdida de tejidos propios era tan extensa, que sería necesario la aplicación de un injerto. Para el éxito del tratamiento, sería necesario que el hombre no tuviera una reacción de rechazo al injerto.

Viniera de quién viniera, era natural que la sola idea de aplicar sobre su cuerpo un tejido extraño, era ya de por sí algo inquietante y aun más, casi insoportable para aquel sujeto tan acostumbrado a rechazar lo extraño. El paso de los días, y la falta de progreso favorable en la úlcera, le fue cercando las intenciones, hasta que mirando que no habría otra alternativa, accedió a la terapéutica que aquel médico le había propuesto. Así pues, retirado todo el tejido inservible, y preparada la región hasta los bordes revitalizados que permitirían la colocación del injerto, finalmente le fue implantado el tejido de un donante anónimo, pero probadamente compatible.

Los primeros días que siguieron al injerto, la región aparecía nuevamente decadente y aun pútrida. Qué era aquello que le estaba haciendo fracasar. El enfermo, secretamente tenía la respuesta: seguía renuente a admitir que un tejido extraño le reparase aquella parte de su dañado cuerpo. Sin embargo, por esa absurda necedad que las personas tienen de negarse a la verdad, se negaba a confesarlo, no solo a su médico, sino más grave aun. A sí mismo. Cansado al fin, y derrotada su obstinación, decidió en su interior, ya no oponerse a aquel colgajo extraño que sería su única alternativa de cura. Y comenzó a sentirlo como propio.

Lo crean o no, ese simple cambio de sentir, tuvo cambios positivos casi de inmediato, cesó el dolor, y los tejidos empezaron a tender puentes desde los bordes, crecieron pequeños capilares que llevaron sangre y vida, se formó una escara protectora, y los riesgos de contaminación disminuyeron, pues debajo crecía nueva piel. Algunas semanas después, en esa piel extremadamente blanca del receptor, se hacía notable, una enorme mancha de piel obscura que creció en el sitio donde antes solo había una enorme llaga. El hombre, había sanado. En su mente y corazón, más de una enseñanza se había escrito a partir de esta experiencia.

¿Te parece que sería necesario describir cada una de ellas? Yo no lo pienso así. El cúmulo de cosas buenas, que esta desgracia trajo a la vida de este hombre hosco y hostil fue tan abundante, que no cabrían en esta breve reseña.

Shalom. Lehitraot

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Imperfección humana

Constantemente se hace alusión a la imperfección como una cualidad humana; “errare humanum est”. A pesar que en efecto, la perfección no es algo asequible a las capacidades de los hombres, cuando entendemos que lo perfecto es algo pleno, acabado, que … Continue reading

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Una parábola diferente.

De Cristóbal Colón dicen sus biógrafos que fue un navegante genovés. Según los sionistas, era ciento por ciento judío, (probablemente un Anusim). En la escuela nos enseñaron que Cristóbal Colón, dedujo la redondez de la tierra al mirar la forma en que los navíos desaparecen en lontananza. Por cierto: ¿A qué distancia de la orilla, un navío podría perderse de forma tal que pareciera caer como girando en una esfera?… Bien: este Cristóbal Colón, estaba seguro de llegar al Oriente tomando rumbo a Occidente, ¡el muy tonto!… Se topó en su búsqueda con un continente distinto, y no tuvo el conocimiento (o el valor) de denunciar su hallazgo, ni de completar su búsqueda. La consecuencia fue que Américo Vespucio denunció el hallazgo, y en su honor, dieron el nombre de América, al nuevo continente. La segunda consecuencia, fue que tuvo que ser Fernando de Magallanes quien completara la circunvolución de la tierra demostrando las ideas de Cristóbal Colón con respecto a llegar a Oriente, viajando con la proa puesta al Occidente.
De Cristóbal Colón se dice que en una ocasión, cansado de las envidias de sus detractores que decían: “Cualquiera pudo hacer lo que Colón hizo”, cogió un huevo y desafió a aquellos a colocarlo estable en posición vertical por su eje más largo. Después que todos fallaron, Colón simplemente cascó el huevo por su polo más ancho, sin romperlo ni derramar su contenido, a causa de la cámara de aire que contiene el huevo en ese punto; lo colocó vertical y dijo: “Después que Colón lo hizo, cualquiera puede hacerlo”… Sin embargo, Colón nunca tuvo la oportunidad de completar su objetivo de llegar a China. Américo Vespucio tuvo la audacia de denunciar América como un continente desconocido hasta entonces, y disfruta hasta hoy de un mérito quizá no suficientemente merecido. Fernando de Magallanes, no vivió lo suficiente para completar su proeza, honor que le correspondió a Sebastián Elcano.
Entre todos terminaron por demostrar que la Biblia tiene razón: en el libro (sefer) de Proverbios 8:27 está escrito: Cuando asentó [D’os, el Arquitecto] los cielos, allí estaba yo [literalmente La Sabiduría, alegóricamente el Maestro Constructor] cuando trazó el CÍRCULO sobre la faz del abismo. Y en el sefer de Isaías 40:22: El [D’os] está sentado sobre el CÍRCULO de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él [El Creador] extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. La Biblia tiene razón, fue la Santa Inquisición [no D’os] la que trató de callar a Galileo.
Explicación: Por más disparatada que parezca una idea a primera vista, (como llegar a Oriente viajando rumbo a Occidente) puede llevarnos a descubrir cosas insospechadas, que una vez halladas parecerían estar al alcance de cualquiera (como el huevo de Colón), pero requiere el ingenio del sabio (alguien como Cristóbal Colón). Sin embargo la falta de atrevimiento, puede llevar a que el honor del hallazgo, sea usurpado por alguien más osado (por eso: que nadie tome tu corona), alguien más audaz, que por su decisión recibirá la honra (como fue el caso de Américo Vespucio). Quizá no nos alcance la vida para llegar a nuestro objetivo (como sucedió a Fernando de Magallanes), pero la fidelidad de nuestros colaboradores podrían llevar la travesía hasta el fin (Sebastián Elcano pasó a la posteridad por ello). La ceguera de los religiosos, termina por negar la sabiduría de D’os presente en las Sagradas Escrituras. Pero entre todos: Cristóbal Colón, Américo Vespucio, Fernando de Magallanes, Sebastián Elcano… y Galileo Galilei, terminaron por demostrar que D’os lo inspiró, y lo dictó usando a personas (los profetas) que tuvieron la humildad de servirle sin poner nada por encima de Su Autoridad.

Shalom

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Un propósito para la vida, y una vida con propósito.

Una noche simplemente: ¡Desperté!… miré en lo más lejos que pude en la penumbra del dormitorio; recuerdo la tenue luz de una pequeña lámpara de buró y la quietud de mi cama, percibí mi cuerpo como algo que ocupaba un sitio en esa penumbra, y por primera vez en mi existencia tuve conciencia de existir, de ser. A partir de entonces guardo algunos breves recuerdos como si se tratara de pequeños destellos, o escenas breves de mi vida.

Paulatinamente esos recuerdos se van haciendo más nítidos, y más duraderos, calculo que poco antes de los cuatro años de edad ya tengo recuerdos más elaborados, y percibo con claridad a los miembros de mi familia como personas, y no tan solo como figuras en mi entorno. Un día como a los cinco o seis años, una fuerte sensación de ansiedad y angustia horadó mi ser, provocado por una pregunta: ¿Estoy aquí?… ¡Sí!… ¿aquí?, ¿soy yo?… ¡Sí!… ¿Desde dónde vengo?, ¿dónde estuve antes?… ¿yo?, ¿Dónde estoy?, ¿Dónde estuve antes de ahora?, ¿yo?, ¿soy yo?… Un contundente e inexplicable Sí, y una angustiosa pregunta: ¿quién soy, y de dónde he venido?, constituyeron una especie de espiral en un giro sinfin, podrían resumir esta ansiedad. He tratado de definir ese instante de una forma clara, pero en realidad no había preguntas y palabras y respuestas en mi interior, sino sensaciones, la angustiante sensación de existir, y de preguntar ¿Por qué yo? ¿Dónde estuve antes?, ¿un principio implica un final?… Entonces: ¿moriré un día? (aunque estoy seguro que aun no había visto morir a nadie, ni nadie me había hablado de la muerte, pues a los cuatro o cinco años, nadie te habla de la muerte) ¿dejaré de existir? Para ese momento, ya amaba yo estar vivo, percibir, tener a esas personas que eran mi familia y que llamaba papá y mamá, hermanas, que me amaban… ver… respirar… ¡Estar, ser! Me fui hundiendo en una especie de laberinto sin final, rebotando en esa consciencia de ser en cada respiración, en cada segundo que transcurría. Y acuñé una expresión para tratar de darle a entender a esas personas que formaban mi familia, esa desagradable sensación de ser y estar, cuando venía también esa consciencia de inexistencia que es la eternidad antes del ser, y esa incertidumbre de llegar a inexistir nuevamente. Porque con la consciencia de vida, comienza el miedo a morir (haciendo una relación en el tiempo, para ese momento, aun no había cometido mi primer desobediencia voluntariamente consciente, mi primer pecado). Y simplemente, comenzaba a respirar ansiosamente, agitadamente, y solo atinaba a decir: “me siento mal”…

En la medida que esa desagradable sensación dejó de repetirse, fui adentrándome en la intrascendencia de la cotidianidad; me explico: La naturalidad con la que comenzamos a tomar el irse a dormir, y despertar a la mañana siguiente, de superar enfermedades molestas, y potencialmente mortales (como el sarampión o la hepatitis por ejemplo); tener día a día la presencia de mi padre y mi madre, comer a diario, vivir con la seguridad y la tranquilidad de la satisfacción de las necesidades primarias. Crecer, pasar de la infancia a la adolescencia, superar los pequeños contratiempos de la vida, tales como: poder evitar una riña con mi enemigo gratuito y compañero de escuela, por el miedo a recibir los golpes, o a la vergüenza de la derrota, y la humillación de las burlas. Vivir con la única preocupación de añadir años y estura, a mi persona, y alcanzar el amor. Asistir a la escuela, tener éxitos y fracasos académicos.

Para entonces, Dios solo era como alguien de mi familia, nacido con la misma nacionalidad que la mía (les recuerdo que nací en México), y alguien a quien se visita en la iglesia cercana, los domingos por la mañana de la mano de mi papá. Alguna vez hacia los nueve años, asistí a una escuela de religiosas y fui preparado en el catecismo para mi primera comunión. Recibí la confirmación en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Alguna vez también mis padres llegaron a pensar que llegaría a ser sacerdote; pero mi formación católica no llegó jamás a ser más allá del estándar. Al comenzar la escuela superior, Dios y la religión eran esos dos enemigos del pueblo, que las clases de poder usan para mantener su hegemonía. Y cuando tuve edad para dejar de rendirle a  mi madre (mi padre ya había fallecido para entonces) cuentas  de mis actos, Dios era ese ser al cual se recurre ocasionalmente, principalmente cuando hay una necesidad que satisfacer.

Algunos años, y muchos errores después, a pesar de mis dudas, a pesar de las oraciones no respondidas, a pesar de mis frustraciones que me llevaron en más de una ocasión a maldecirlo, a llamarlo fraude, a retarlo inclusive… Dios aun seguía ahí, ocupando el lugar de mi Padre ausente, del Buen Pastor que no me permitió cometer mayores excesos de los que llegué a acometer, como el Juez ante el cual mi consciencia se rendía para pedir perdón; como el Hermano que nunca tuve. Como el único amigo fiel que me rescataba de mis profundas soledades. Como el Dios delante del cual terminaba siempre rindiendo cuentas aun a mi pesar.  Como la verdadera causa y razón de mi existencia. Como mi única Herencia perpetua. Y el Único y Verdadero, y perfecto Amor. Pienso, que aquellos que aun Le niegan, es porque aun no han logrado percibirlo así. (Quiera D’os ser misericordioso con ellos como lo ha sido conmigo, y con muchos, y mostrarles Su presencia, y Su Kevod)

Y bien, hacia dónde voy con esto, ¿qué puede interesarte lo que he escrito hasta aquí? Bueno, pienso que tengo la humana responsabilidad de compartir contigo (respetando a la vez tus convicciones) lo que pienso. Pienso, que Dios es real, o como está escrito en la Biblia: Rom 3:4… ¡Antes bien, YAHWEH sería veraz aunque todos fueran mentirosos! Como dice el Tanaj: “Así para ti, YAHWEH sea probado justo con tus palabras y seas vencedor cuando te juzguen.” Pienso que dejando fuera a Dios de nuestras vidas, nada tiene verdadero sentido, como dijo el Kohelet (El predicador): “Vanidad de vanidades, todo es vanidad, y rebeldía de ruaj”: ni la fama, ni el dinero, ni los logros y el prestigio académico y profesional, ni el placer que proporciona la fugacidad del sexo, ni la Filosofía, ni la erudición teológica, ni la riqueza y las posesiones, ni el poder, ni la hegemonía y la supremacía. Nada tiene sentido sin Dios (y a partir de aquí comenzaré a escribir D’os, para ser congruente con mi convicción). Porque aun las religiones pueden estar equivocadas, falseadas, distorsionadas, comercializadas, corruptas, ser las causantes de crímenes de lesa humanidad, hecatombes, masacres, torturas, homicidios. Muchos ministros de culto pueden ser culpados (y culpables) de las más horrendas concupiscencias, y crímenes, abominaciones, delitos sexuales, ser estafadores, embaucadores, y un largo etcétera. Las doctrinas pudieran ser producto del plagio y la adaptación, del sincretismo, de la corrupción herética por la añadidura de filosofías humanas. Y las apreciaciones y opiniones de los creyentes, y las predicas pudieran obedecer a ambiciones personales, y ambiciones de poder, y aun nada de esto es suficiente para negar: que D’os Es, y responde a quien le busca creyendo que lo hallará. Y aun pudiera ser que resultáramos ser producto de un experimento biológico de una civilización extraterrestre (algo que está fuera de mi convicción y fe); y a pesar de esta convicción, aun quedaría el interrogante: ¿Y quién creó a esos “extraterrestres”? y reducimos toda pregunta acerca de la existencia, a una afirmación concreta: D’os creó todas las cosas, como está escrito: Heb 11:3  Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece. Y una sola esperanza: la fe (emunah-confianza en Hebreo) Heb 11:1 La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven.

Porque aun los escépticos alimentan sus argumentos de fe (una fe antagónica, racional, pero igualmente imposible de traspasar sus límites sin caer en la especulación teórica); una fe limitada a las capacidades del hombre, que hace del hombre un dios, y de la Ciencia su profeta, y es incapaz de ir más allá de los límites de los sentidos y la tecnología para darnos respuestas irrefutables, o incontrovertibles, e inmarcesibles con el tiempo, a las incógnitas sobre el cosmos mismo, sobre la naturaleza de la luz, el origen y el sentido de la vida. Una fe que se sustenta en teorías que ellos elevan a la calidad de dogma incuestionable, (les recuerdo que soy nombre de Ciencia, y conozco la Ciencia).

Tanto los simples, que piensan que la fe es incuestionable, como los agnósticos, y los ateístas (aunque respetables todos en su persona y formas de pensar), representan los extremos de una línea horizontal como si fuera el eje de las x. Intersectando en el punto O como si se tratara del eje de las y (a guisa de representación esquemática nuevamente), en el sentido de los valores positivos, estarían a los extremos el esoterismo místico (religioso o sectario), y en el sentido negativo, el ocultismo y la hechicería. Todas estas corrientes de fe: (el ateísmo, el teísmo ramplón y dogmático, [fundamentalista recalcitrante], el esoterismo místico, gnostico, y el ocultismo y hechicería), en oposición constante, proclamando tener la verdad absoluta. Y pugnando por la hegemonía absoluta sobre las demás, y procurando la entronización de “su dios”, o de su concepto de Dios (sea que se le llame a esta una cosmogonía, una filosofía o una teología). Y tomando de rehen a la humanidad y de estandarte a la deidad.

Quienes niegan el aspecto místico de la vida, o prefieren ignorarlo, se niegan a sí mismos la posibilidad de profundizar y confirmar la fe, más allá de la simple negación, o la credulidad llana y ramplona, que lo único que acarrea es cerrazón, intolerancia, dogmatismo. Limitan su existir a un período limitado en la curva del tiempo, que comparado a la eternidad es más breve que un suspiro o un abrir y cerrar de ojos. Tienen una fe tan endeble, y cómoda (sea confianza en la ciencia o en el dogma religioso), que son como el obrero de la parábola que esconde su talento por temor a su Amo: (Mat 25:24) “Ahora, el que había recibido un talento se presentó, y dijo: ‘Yo sabía que tú eres un hombre duro, que cosechas donde no plantaste, y recoges donde no sembraste. (Mat 25:25) Tuve temor, así que fui y escondí tu talento en la tierra. ¡Aquí tienes! ¡Toma lo que te pertenece!’ Necios que no están firmes en la roca de su fe, y prefieren la seguridad de lo poco que pueden manejar. Por su parte, el místico y el fariseo celoso, cierra la puerta todo lo más que puede, porque en su egocentrismo, se cree un dios. Su excelsa sabiduría es solo para compartirla con unos cuantos privilegiados. Los ocultistas, son los sabios que han sido vendidos a Satán a consecuencia de sus apetitos y codicias insanas. No hay una medida para D’os, pero todos los hombres procuran hacerse un dios a la medida.

La ruina para la humanidad, es que estamos cayendo víctimas de nuestros propios errores. La gente tiene urgencia de satisfacer su necesidad de D’os. Necesidad que surge de la soledad, o de la vacuidad del alma, del miedo a la muerte, del sinsentido de la vida cotidiana y rutinaria, sin amor, sin expectativas, donde las oportunidades siguen perteneciendo a los grupos reducidos y selectos de la plutocracia que nos gobierna (en todo el orbe), y de las religiones insititucionales que dicen qué es bueno y qué no; que solo se dedican a la extorción por el miedo, o a la adulación por lucro. Una sociedad sin futuro, una actualidad de fatalismo apocalíptico ( tanto en lo religioso, como en lo esotérico, y en la “ciencia” especulativa) acelerada con el impulso mediático, y la difusión urgente de todo tipo de información sea esta verídica o no. Una comunidad humana, sin patrones definidos de conducta moral, ética, llena de mentiras, (como que la homosexualidad está regulada por un gen) y de autoridades religiosas y seculares sin autoridad moral ni credibilidad. Una comunidad humana presa de trampas, de inseguridad, de muerte, un planeta devastado, convulso, sacuido por todo tipo de catástrofes, magnificadas por los noticieros, y por los pregoneros del fin del mundo. De información confusa, dudosa, otra surgida y desarrolladas en la clandestinidad impuesta por su irrealidad, o porque al constituir un riesgo para el orden establecido, o para el Nuevo Orden Mundial, o que pondría al descubierto los malévolos planes de torvas organizaciones secretas, no es susceptible de corroborarse, o sustentarse en fuentes informativas confiables, éticas o no desacreditables. Sumado a esto, la información tendenciosa, proselitísta y provocadora de odios, xenofóbica, o misógina, misantrópica, racista, falángica, fundamentalista, o bien, conocimiento Gnóstico, ocultista, y un largísimo etcétera.

Sea que la humanidad impulsada por las cúpulas del poder, esté precipitando premeditadamente el cumplimiento de las profecías, o que dicho cumplimento se esté dando ajeno a la participación de la humanidad, y en respuesta al Juicio de D’os por venir, estamos arribando a lo que dice la Escritura: (2Ti 4:3) Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito [comezón] de oír novedades;(2Ti 4:4) apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.

Y por otra parte:

2Ti 3:1 Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; 2Ti 3:2 los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, 2Ti 3:3 desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, 2Ti 3:4 traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de D’os, 2Ti 3:5 que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos. 2Pe 2:1  Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, así como habrán falsos maestros entre ustedes, que encubiertamente introducirán herejías destructoras, hasta aun negarán al Amo que los compró, y traerán sobre ellos destrucción repentina. 2Pe 2:2  Muchos seguirán sus perversiones; y por causa de ellos el Camino verdadero será blasfemado. 2Pe 2:3  En su avaricia, los explotarán con cuentos fabricados….

(Mat 24:24)  Porque aparecerán falsos mesías, y falsos profetas haciendo grandes milagros, ¡cosas sorprendentes! Para tratar de engañar hasta a los escogidos.

Yo comencé este artículo, dándote (dándoles) parte de mi testimonio personal, porque he caminado la vida yendo, de la tradición, a la negación, a la incredulidad, a la necesidad, a la incertidumbre, y a la convicción de la existencia de D’os; habiendo atravesado la experiencia de tener que abandonar los paradigmas que recibí de mis padres, luego de mis maestros (seculares y religiosos); de haber oído las palabras mentirosas y engaños de hechiceros y timadores, pasando por la credulidad que se deriva de pensar que todo el que invoca a D’os, teme a Su Nombre. Después de haber indagado a fondo en las raíces Hebreas de la emunah (confianza-fe); después de haber cotejado más de una vez todo el paganismo que enturbia la persona y figura de Jesús. Después de haber tenido que asimilar que la Biblia fue manipulada, torcida, tergiversada, mal traducida, con tal de lograr imponer una teología, para que una casta sacerdotal, o un grupo sectario pudiera hacerse con la autoridad y la hegemonía sobre las demás. Despúes, aun de haber sentido la angustia y la incertidumbre de que no hubiera D’os verdaderamente, ni un propósito para la vida, ni una vida con propósito. Superado el miedo de que la Biblia fuera un plagio de otros libros sagrados. Y  superando el miedo que viene de la prohibición a indagar otra cosa que no sea la Biblia. He venido a confirmar, que D’os es veraz, y todo hombre es mentiroso. Que hay Un D’os que es Uno (Ejad), Misericordioso y Apartado del mal como el día lo está de la noche. Que esa misericordia se manifestó al crearnos a su imagen, conforme a su semejanza, y darnos la vida, la Torah, y al Mesías; así como habernos dado ojos para ver y oídos para oír. Que la Escritura está llena de amor, de sabiduría, de justicia, de preceptos útiles para que el hombre sea instruido en toda buena obra. ( ver 2 Timoteo 3:16) Como dice Kohelet 12:13 Aquí está la conclusión final; ahora que has oído todo: Teme a Elohim y guarda sus mitzvot; esto es el todo en el hombre.

Por esa razón, sigo lo que dice la Escritura

2Ti 4:5  Pero tú, mantente firme en toda situación, soporta los sufrimientos, haz el trabajo que un proclamador de las Buenas Noticias debe hacer, y haz todo lo que tu servicio a YAHWEH requiera.

(2Ti 4:2)  ¡Proclama la Palabra! Tenla a mano, tanto si el momento es propicio o no. Convence, censura y exhorta con enseñanza y paciencia inagotable.

Leitraot (hasta pronto)

Shalom Alejem

 

 

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